La industria relojera suiza
La reputación del reloj suizo
y la industria relojera Suiza es mundial debido a su gran calidad, precisión, fiabilidad, resistencia (al agua y a los golpes). Durante siglos, han aportado innovaciones como: los
relojes pulsera, los relojes de cuarzo, los relojes pulsera resistentes al agua, los relojes pulsera más delgados, el reloj más pequeño, el reloj más caro, etc.
Historia de la industria relojera Suiza:
Esta historia comienza a mediados del siglo XVI. En 1541, tras la reforma calviniana y la prohibición de portar joyas, los orfebres y joyeros suizos se vieron forzados a encontrar otra salida para su oficio, y la encontraron en la fabricación de relojes. Para finales de siglo, la calidad de sus relojes ya era conocida a nivel internacional.
En 1601, se crea el gremio de los relojeros de Ginebra. Un siglo más tarde, se produjo una sobrepoblación de relojeros en la ciudad, y por lo tanto, muchos deciden abandonar la ciudad, para trasladarse a las montañas. Allí, Daniel Jeanrichard (1665-1741), introduce el reparto de mano de obra, en la creación de relojes.
Para 1790, Ginebra exportaba más de 60.000 relojes. En 1926, Grenchen creó el primer reloj de pulsera a cuerda, el cual se popularizó de inmediato. Los primeros relojes eléctricos aparecen en 1952.
Desarrollo de la industria relojera Suiza:
Los relojeros suizos, no
sólo eran maestros en su oficio, sino también hábiles comerciantes, y recibieron el valioso apoyo de la banca, lo que permitió que se orientaran desde el comienzo a la exportación.
Los hábiles relojeros, viajaban a los países donde podían colocar su mercadería, pero además, se interiorizaban de las necesidades y gustos de sus clientes, para poder satisfacerlos.
En los comienzos, los suizos copiaban los modelos franceses e ingleses, pero su producción más eficaz, les permitía ofrecer sus copias a menor costo. Esto les permitió prosperar, y cuando estuvieron afirmados en su posición, pudieron comenzar a crear sus propios modelos.
Los componentes, eran fabricados en hogares privados, o en talleres pequeños, en pueblos cercanos a Ginebra, y el montaje final se producía en las relojerías de Ginebra.
La industria relojera Suiza aprovechó todos los avances tecnológicos, y artesanales, para mejorar la calidad de sus relojes e introducir las innovaciones.