Los Vaud Alpes
Desde Lausana hasta Les Diablerets, el cantón de Vaud Alpes encierra pueblos tranquilos, montañas, viñedos y alguna que otra leyenda que se descubren sin querer bordeando la orilla del lago Leman, con vocación de océano, fuente de inspiración de artistas. Los picos más altos parecen hundirse en él.
"Los suizos tuvieron amor fraterno, 500 años de democracia y paz y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco". Cuando Harry Lime, o lo que es lo mismo, Orson Welles, pronunció esta frase al pie de la noria del Pratlc de Viena en El tercer hombre, se equivocaba.
Los Vaud Alpes en Suiza
Los suizos no sólo no inventaron el reloj de cuco -fueron los alemanes- sino que ofrecieron durante la Segunda Guerra Mundial refugios para la que fueron creando un estilo de vida que hoy anhela cualquier mortal. La tranquilidad entendida en su máxima expresión, el sosiego mezclado con una pizca de sofisticación. Lord Byron se enamoró del lago Leman mucho antes de que los Deep Purple escribieran su famoso Smoke on the Water —Humo en el agua- después de ver cómo las llamas de un incendio devoraban el Teatro del Casino de Montreux, donde Frank Zappa daba un concierto.
El lago Leman está lleno de musas. Y no es pequeño: 72 kilómetros de largo, 14 de ancho, 309 mellos de prolundidad y 582 kilómetros cuadrados de superficie. La Iría Ginebra se deshace entre sus limos cuando avanzamos hacia Lausana, sede del Comité Olímpico Internacional y capital del cantón de Vaud Alpes, que se extiende suavemente entre viñedos que, poco a poco, ascienden hasta desaparecer engullidos por las montañas.
Desde Chcxbres, el balcón de la tuviera, las cumbres de Blanchard -1.472 metros- y Cornettes de Bise -2.432- parecen provocarnos. También, el aroma intenso que desprenden las bodegas de la cercana Saint-Saphorine, donde se elabora el mejor Chasse-las, vino blanco ideal para acompañar a la tradicional fondue.
Puede que esto no sea la Costa Azul, pero los aires que gasta Monlreux parecen más bien propios del principado de Monaco. Ltitre restaurantes, hoteles cinco estrellas y clínicas de salud y belleza sólo aptas para bolsillos pudientes, surge un pueblecito cuyos habitantes pasean en bicicleta sin despeinarse, sin importarles demasiado qué ocurre más allá de los Alpes de Saboya, que vigilan el Lungolago, un paseo arbolado, adornado con llores, que discurre de este a oeste.
A finales del siglo XIX un plan urbanístico decretó que las casas en Montreux tenían que ser Indas iguales, norma (fue sólo rompe la Villa Kruger, hoy reconvertida en exclusivo hotel y residencia, en sus tiempos, de Paul Kruger, presidente de la República de Sudáfrica. Muchos como él eligieron y eligen la Riviera suiza, la que se extiende a orillas del lago, para pasar sus últimos días. Así lo hizo el milico Charles Chaplin, que vivió en un suburbio de Vevey hasta su muerte.
Por eso, a nadie debe resultar extraña la escultura erigida en el paseo principal en su honor. Cercada por los viñedos del Lavaux, Vevcy celebra cada 25 años en su Grande-Place la Féte des Vignerons, la tradicional fiesta de los viñadores junto al Mercado de Trigo. Los habitantes de esta parte de Suiza son grandes consumidores de caldos, aunque hoy por hoy prefieran degustar un tinto italiano o alguno español antes que los suyos. En la meca del glamour sencillo los precios también importan.